Arthur Rubinstein y la orquesta sinfónica de Boston

19 marzo 2009 at 21:17 (clasico, Romanticismo) (, )

Ludwig Van Beethoven. Conciertos para piano y orquesta 4 y 5

Hace algunas semanas asistí a un concierto de Christian Leotta donde interpretó estos conciertos junto con la orquesta filarmónica de Jalisco y casi se me caen los pantalones en el teatro, nunca los había escuchado antes y en la plática anterior al concierto nos explicaron muchos detalles acerca de la obra de Beethoven y de su vida, y nos contaron algunos detalles curiosos de estos dos conciertos.

El concierto para piano y orquesta no. 4 de Beethoven es una obra que produce sentimientos encontrados, como todos los trabajos que he escuchado de Beethoven me produce sensaciones de poder y belleza y se refleja mucho su carácter fuerte y luchador, históricamente el concierto 4 es el que marca el retiro de Beethoven como pianista debido a su sordera hija de la chingada que nos privó a la humanidad de su talento como músico, sin embargo esta misma sordera culera es la que hizo renacer a Beethoven y lo consolidó no solo como EL GRAN músico que cambió el curso de la música e inicio la etapa romántica en la música, sino que también al menos a mí me dió un gran ejemplo de NO RENDIRME JAMÁS aunque las circunstancias sean las mas adversas que me pueda imaginar.

Antes del número 4 ningún otro concierto iniciaba con un solo del instrumento concertador, el primer movimiento tiene esa característica además de tener una sección rítmica similar a la de su 5ta. sinfonía, el segundo movimiento (andante moderato) ha sido comparado con el relato de la mitología Griega de Orfeo y Eurídice, imaginariamente Orfeo dominando las adversidades del Hades con su música y el 3er movimiento es una explosión de virtuosismo en forma de Rondó.

El concierto no. 5 fué descrito como “Emperador” por Johann Baptist Cramer uno de los amigos de Beethoven para tratar de comunicar lo que sintió cuando lo escuchó por primera vez. El primer movimiento es toda una belleza de progresión entre orquesta seguidos por el piuano con arpegios de cada acorde, el segundo movimiento (adagio un poco mosso) no es de esos movimientos que sobresalen por el virtuosismo pero la calma que añade al concierto nos habla de la personalidad de Beethoven, el último movimiento es puro orgasmo sonoro.

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